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2.6.2012
Sonrisas

A veces cuando parecemos estar rodeados de tristeza y malas noticias, el Señor Jesús nos envía alguna cosita para poner una sonrisa en nuestros rostros. Aquí tenemos algunos de esos testimonios.

Sabiduría

Mi hija de seis años preguntó: “¿Cómo pueden ser real estas historias?”. Yo le dije: “Porque Jesús es real”.

Anónimo

Esos Dos Retratos

En nuestro viaje familiar más reciente decidimos visitar a Jeffersonville y hacer la gira de sus instalaciones y del Tabernáculo Branham. Con tres niños menores de 10 años, queríamos mostrarles quién era el Hermano Branham y que no era sólo un personaje ficticio, sino alguien que vivió en nuestro día. Un hermano nos dio la gira en VGR e hizo un gran trabajo. Enseguida fuimos a la iglesia donde otro hermano nos dio la gira. Él vio la cámara de mi esposa y nos dijo que podíamos tomar todos los retratos que quisiéramos. Mi hijo menor, Cade, y yo, entramos en la oficina del pastor, y él vio un retrato de un venado en la pared y otro del carruaje de caballos. Me miró y dijo: “Papá, quiero esos dos retratos”. Lo miré muy extrañado y le dije: “No podemos llevarlas, le pertenecen a la iglesia”. Él lo repetía y yo comencé a sentirme molesto con él. Entonces él me recordó que cuando habíamos entrado, el hombre había dicho que podíamos tomar todos los retratos que quisiéramos.

Dios los bendiga,

El Hermano Josh

Fe

Sólo para compartir un corto testimonio, he leído mensajes, y han llegado a ser parte de mi vida y ahora disfruto del poder creativo que hay en mí. Imaginen, tengo un perro hermoso llamado Brave (Valiente), y el perro murió. Los muchachos que trabajan en el patio vinieron a reportarme estas tristes noticias, y yo fui a ver el perro. El perrito peludo y encantador estaba muerto, y entonces recordé el testimonio del pececito del Hermano William Marrion Branham. Tomé el perrito en mis brazos y oré una oración sencilla. Dije: “Señor, devuélvele la vida a este perrito como lo hiciste con el pececito”. El perro regresó de inmediato a vida. Créanme, amigos, en este Mensaje hay poder… Sólo creed, todo es posible.

El Hermano Msungeni

Pepitas de Oro

Estas Pepitas de Oro del Señor, en realidad son súper barras nutritivas de la Palabra Eterna de Dios.

Yo las como a diario, y me fortalecen en el Señor, Pepitas de Oro de la Palabra de Dios.

Ahora, unas son más grandes que otras,

Se pueden compartir con hermanas y hermanos.

O tenerlas en el morral para emergencias,

O sacarlas en momentos de necesidad, y darle en la cabeza a un demonio.

Estas Pepitas de Oro del Señor.

El Hermano Don

Simplicidad

Mi madre tenía este pequeño poema escrito en su Biblia:

Casi recto está torcido

Casi verdad es falso

Casi puro está contaminado

Casi salvo está perdido

La Hermana Sharon

Una Historia de Pesca

Cuando pescábamos hace muchos años, mis hijos Samuel y David tuvieron una pequeña pelea en la barca, lo que causó que la vara de pesca de Samuel cayera en el lago. Por supuesto, se detuvieron de inmediato y me miraron directamente, mientras yo oraba para que pararan. Levanté mi rostro, y ellos estaban muy arrepentidos por eso. Mi hijo Samuel preguntó: ¿Qué haremos? ¡Apenas comienza el día y no tengo vara de pescar! Yo le dije: “Vamos a orar”. Dije: “Señor, pedimos Tu perdón por esto y pedimos Tu ayuda, pues todo es posible para nosotros los creyentes”. Sin estar muy seguro, comencé a pescar de nuevo, lanzando con mi vara donde había caído la vara de la barca, sin ningún éxito. La profundidad era como de doce pies, y nos encontrábamos en un lago grande, como a ciento cincuenta pies de la orilla sin ancla que nos sujetara.

Le dije a Samuel: “Regresemos a la orilla donde alquilan barcas, como a una milla; tal vez allí tengan varas de pescar”.

Pero mi hijo Samuel dijo: “Hemos orado y Dios me va a devolver mi vara (tenía como 10 años)”. Entonces al llegar a la orilla cuando me bajo, Samuel dijo con convicción: “Papá regresemos. Dios me va a devolver mi vara”.

Sinceramente, yo simplemente me rendí a la fe perfecta de mi hijo y entré de nuevo en la barca. Regresamos aproximándonos al punto donde estábamos, hasta donde mejor pudimos.

Oramos una vez más juntos. En mi corazón dije: “Señor, hago esto por la fe de mi hijo Samuel”. Luego tomé mi vara y arrojé sólo una vez, una distancia larga y comencé a recoger lentamente, con expectativa.

De repente sentí un jalón firme en mi línea, hasta que vimos con gran gozo el anzuelo de mi línea que se cruzó con el anzuelo de la línea de otra vara. Y después de un rato, la vara de pescar de mi hijo estaba nuevamente en la barca.

Mi hijo Samuel me miró y dijo: “Papá, te dije que Él me la daría de nuevo”.

El Hermano Sylvain